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En este curso escolar 2009/10 el centro ha desarrollado el Proyecto de Mejora "Nuestra Biblioteca, nuestro futuro", relacionado con la dinamización de la biblioteca.

Dicho proyecto tiene la finalidad de fomentar la lectura en familia haciendo que madres y padres compartan con sus hijos e hijas lecturas previamente seleccionadas y adecuadas al nivel educativo del alumnado.

Este proyecto ha tenido una enorme aceptación y por ello publicamos aquí la carta dirigida a todos los padres y madres del centro.

EL DÍA DE LA PAZ

Tobías era un chico de doce años muy difícil, desde que, dos años atrás, su padre muriera en Irak, cuando decidió ir como militar voluntario. Tras ese día Tobías cambió completamente, se portaba mal, no obedecía y se quedó sin amigos. Su madre ya no podía controlarlo, de modo que lo mandó a un internado. Allí Tobías compartía habitación con Nick un chico de trece años. Tobías le trataba muy mal pero él, por el contrario, intentaba hacerse su amigo ya que lo veía muy solo y triste. Una noche Nick encontró a Tobías más tranquilo que de costumbre y supuso que éste tenía algún problema.

-¿Qué te pasa Tobi?
-¡Te he dicho mil veces que no soy Tobi!
-Perdón, Tobi…as. –dijo Nick
-No me pasa nada, ¿te queda claro?
-Sí. Pero, ¿estás llorando?
-No, no estoy llorando. En tal caso, ¿qué te importa? –preguntó intrigado Tobías.
-Nada, solo que yo también me pongo triste cuando pienso en mi hermano, de modo que supongo que tienes un problema.
-¿Qué le pasó a tu hermano?
-Bueno, resulta que le atracaron y lo mataron.
-Lo siento mucho, -dijo sinceramente Tobías- mi padre también murió. Fue voluntario en Irak.
-Y por eso estás tan triste, ¿verdad? Claro, encima mañana es el día de La Paz…
-Sí. Es que no entiendo como puede existir ese día cuando no hay paz. Es una estupidez…
-Te entiendo. Cuando mi hermano murió yo también me cabreé con el mundo entero, pero la vida sigue y yo creo que si se celebra este día es para que todos nos concienciemos de que no debe haber violencia.
-Como si eso fuera a suceder…-dijo poco convencido Tobías.

Al día siguiente se celebró en el internado el día de La Paz. Hubo juegos, música, palomas,... También recibieron la visita de un militar que iba a contarles sus vivencias en la guerra y lo que creía que significaba ese día.

-¡Hola chicos! –saludó el militar- Bueno, me presento, soy Antonio. Como sabéis, yo he estado en la guerra y supongo que os preguntaréis, ¿cómo alguien que ha visto el odio de dos países enfrentados, tanta sangre derramada y tanta miseria puede creer en algo tan inverosímil como la paz? La respuesta es muy simple, yo fui a luchar por el fin de la guerra y si no creyera que puede acabar no tendría sentido que arriesgara mi vida por conseguir la paz.

Tobías que no pudo callar más, dijo:

-¿Vale la pena dejar a tu familia por ir a salvar a unos desconocidos que no saben ni tu nombre?
-Buena pregunta. Yo pienso que vale la pena, porque obtienes la satisfacción de saber que salvaste la vida de alguien.
-¿Y si mueres? Tu familia quedaría destrozada –insistió Tobías-.
-Ellos saben que los quiero y probablemente estarían orgullosos de mí. Como yo lo estoy de mi hermano.
-Pues yo no lo estoy de mi padre y él también murió en la guerra.
-¿No? ¿Cómo no puedes estar orgulloso cuando tu padre es un héroe? ¿Cuántas personas crees que darían la vida por, como tú dices, unos desconocidos? Yo creo que no hay mucha gente como tu padre, seguro que era una persona estupenda.
-Mi padre era genial, era… un héroe. Tienes razón, eso es lo que es, él murió por otros a los que no conocía porque era una persona muy buena. Gracias, me hiciste darme cuenta de que estaba equivocado.
-No te preocupes –dijo con ternura Antonio- lo importante es que abriste los ojos.

Ese día Tobi, como acabó llamándolo Nick, descubrió lo equivocado que estaba y que el día de La Paz existía para que, como quería su padre y muchos otros soldados, la tolerancia y el respeto fueran una realidad, la que su héroe intentó conseguir.

UN MUNDO DE COLORES

En una hermosa ciudad vivía una niña llamada Emily, era muy simpática y alegre. Todos los días salía de su casa para ir a la escuela, donde tenía muchos amigos y lo pasaba bien.

Al salir de la clase, su madre la esperaba en el jardín y ella salía corriendo para verla y contarle todo lo que había hecho en ese día. Pero un día Emily salió muy triste con la cabeza baja y su madre le preguntó:

- ¿Qué te ha pasado Emily?

La niña le dijo:

- La señorita ha dicho que en mi clase hay niños de color de golosina.

La madre un tanto asombrada le preguntó:

-¿Cómo puede ser eso?

-Sí, mamá, ha dicho que Pablo mi mejor amigo, tiene la piel de chocolate y que Mey, la niña del flequillo, la tiene de color de helado de limón, y todos los niños se han reído de ellos.

-Bueno lo que la señorita quería decir- le explica la madre- es que hay niños de diferentes colores, razas y países.

Cuando llegaron a su casa Emily recordó que la señorita había dicho en clase que en el colegio iban a hacer una fiesta de disfraces. Entonces Emily buscó en su baúl para ver de que se podía disfrazar.

Al día siguiente, Emily le pregunta a Pablo cuál será su disfraz. Pablo se queda un rato pensando y después contesta:

-Bueno, me gustaría disfrazarme de Pirata, ¿Y tú?- le pregunta Pablo.

-No te lo puedo decir es una sorpresa.- contesta Emily riéndose.

Por fin llega el día de la fiesta, estaba todo muy bien decorado. Había luces de colores, un montón de globos y música. Los padres iban llegando con sus hijos ya disfrazados.

Había disfraces de todas las clases: de mariposa, de hada, de princesa, de ángel, también había disfraces de chicos: de bombero, de robot...

De repente apareció Emily con su disfraz de... ¡Abeja! Todos se quedaron asombrados al verla. Emily saludó a todos esperando encontrarse con Pablo con su disfraz de Pirata, pero no lo encontró.

De repente, todos se quedaron en silencio mirando hacia la puerta, donde estaba Pablo llorando. Entonces Emily salió y le preguntó:

- ¿Qué te pasa? ¿Y tu disfraz?
- No he encontrado nada para hacerlo- responde Pablo muy triste.

Entonces Emily se saca su disfraz de abeja, se pinta la cara de marrón y se pone el pantalón de Pablo. Pablo se pinta la cara de blanco y se pone el abriguito rosa de Emily. Luego entran los dos de la mano.

Están rarísimos y muy graciosos. Todo el mundo al verlos empiezan a aplaudir. Entonces un niño de la fiesta pregunta:

-¿De qué vais disfrazados?

- ¿Pero es que no lo veis? Emily y Pablo van disfrazados de Pablo y Emily. Por lo tanto les daremos el primer premio porque han demostrado que da lo mismo el color de la piel, lo que importa es como sea la persona en su interior, porque por fuera todos somos iguales.

A partir de ese día, todos los niños se llevaban bien, y nunca más volvieron a reírse del color de la piel.

AINARA 2ºESO

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